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Ninguno de los Fieles Fallece

El Mensajero de la Luz, que viene en el momento adecuado y se pone a la Iglesia y la carne humana, y actúa como Líder dentro de la Justicia, elige las formas de toda su Iglesia y las libera, tanto de los Elegidos como de los Oyentes; él se sumerge en las profundidades de los océanos de agua y los saca de las garras del abismo. En cuanto a ellos, no se desvían de nuevo, pero sólo se ven atraídos a los renacimientos y a la fatiga, después llegan a las manos de los Ángeles; a continuación, los Ángeles caminan con ellos a los lugares en donde han de ser refinados. Porque ningún Oyente va a los infiernos a cuenta de sus actos, debido al Sello de la Fe y del Conocimiento que está estampada en su Alma.

 

Sólo cuando guían al hombre en la Verdad, y él acepta el Conocimiento y la Fe y empieza a ayunar y reza y hace el bien, en ese momento estas nuevas obras que ha hecho – los ayunos, las oraciones, las limosnas que ha dado a los Santos – todas estas cosas son un purificador y redentor de sus primeras obras en todos los lugares donde se puedan encontrar. Ahora es el poder de ese Oyente liberar todos sus actos de impureza por sí solo mientras está en el cuerpo. Desde el primer día que él ha abandonado el primer error en el que solía estar, y ha tomado la Mano Derecha de la Paz, ha sido convencido y ha tomado su posición en la escalera de los Oyentes- en la hora que recibe esta gracia y cree de esta manera, estos primeros ayunos que ha mantenido ascienden y son bienvenidos a la Nave de Luz de la Noche de los cielos y la tierra y los árboles y las criaturas de carne, con este primer ayuno y la esta primera oración, el principio de todas sus buenas obras.

 

– Capítulo 89 del Evangelio del Profeta Mani, Edición de Duncan Greenlees