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Juicio Individual

La Deidad gloriosa de la Justicia envía el Alma ante el Juez de los Muertos y el Juez justo se apodera del Alma confusa que aparece como en un espejo. Se le situa en la Balanza su mérito es evidente, su mala acción revelada; ¡las obras hechas por sí mismo aparecen – la majestuosidad de la Tierra y el Agua no es feliz, el esplendor del Fuego y el Agua llora, el brillo de las Plantas y los Árboles se lamenta en voz alta! En ese día de peligro ni soborno ni regalo ni súplica servirán; ¡la Imagen del Padre, la Doncella de la Luz, es la única que puede ayudar en ese día! Los que están cerca del Rey son los Justos.

 

Si la Balanza se eleva, sus buenas obras superarán sus pecados cometidos y le levantarán al Jardín de la Luz. Aquellos que son realmente quienes hacen el bien, a ellos Él les premia la buena acción de acuerdo con su bondad, Él les da a ellos el Reino de la Luz y los hace herederos de la vida eterna – ellos serán perdonados porque ellos han perdonado a otros, pero ellos expiarán por todos los pecados que han cometido. ¡Ay de él, el Barco vacío que viene vacío a la Aduana, ellos le preguntarán cuando no tiene nada que dar! ¡Ay de él porque no hay nada a bordo! Será más o menos tratado como se merece y enviado de vuelta al renacimiento – ¡tendrá que sufrir lo que sufren los cadáveres!

 

“Oh Dioses, a Vosotros tengo que apelar; ¡todos los Dioses, en compasión quitad los pecados de mí! ¡Limpiad nuestras iniquidades, las cicatrices que se marcan en nuestra Alma! Hemos controlado la Tierra sin luz hemos conocido y comprendido nuestro Cuerpo y nuestra Alma. “

 

“¡Alza tu rostro, amado, y mira sobre mi cara! ¡Mira cómo te miro sin tal mirada malvada en mis ojos como me quedo mirando al pecador cuando es traido a mi juicio y declarado culpable! ¡Que vivas por siempre jamás! “

 

“¡Saludos, Juez justo, Poder fuerte, el Sendero de la Verdad, Espejo claro separando los absueltos de los condenados! ¡Vísteme en tu Ropa, dame la Guirnalda y el Premio! ¡Yo he vivido desde que oí tu voz dulce, Oh Juez cierto, Oh Glorioso!”

 

– Capítulo 76 del Evangelio del Profeta Mani, Edición de Duncan Greenlees