¡Márchate, Oh Alma Maniquea!

¡Victoria y un saludo, Oh Alma ocupada que ha terminado su lucha y ha sometido a la Potencia Dominante, el cuerpo y sus pasiones! Hoy estáis llamados a vivir con los Ángeles porque has dejado atrás de ti el hambre y la sed de la muerte. De aquí en adelante te has hecho libre de la ansiedad, porque tú has abandonado la casa de la atención, el cuerpo de la muerte, y lo has lanzado delante de la cara de sus enemigos. ¡Tú has ido con rapidez más allá de la autoridad de la carne, tú has ascendido como un pájaro veloz en el aire de los Dioses!

 

Tus mercancías que has producido, mira, se han ido delante de ti- una parte de ellas siguiendo detrás de ti, una parte de ellas adelantándote; ¡Se feliz, estando alegre mientras te situas ante el Juez! Él aparecerá ante ti con una cara llena de alegría; ¡Él también te limpiará y purificará con sus gotas de rocío agradable, él pondrá tu pie en el Sendero de la Verdad y te proporcionará con tus alas de Luz como un águila se hace distante cuando se eleva en el aire! ¡Ve ahora a bordo de tus Buques de la Luz y recibe la Guirnalda de Gloria y los Dones de la Luz de mano del Juez!

 

Mira, la Nave se ha puesto en marcha para ti: Noé se encuentra a bordo, él está dirigiendo – la Nave es el Mandamiento, Noé es la Mente de Luz, el que viene y se pone a los Santos. Embarca tus mercancías, navega con el rocío ventoso; ¡regresa a tu reino, y alégrate con todos los Eones y descansa! ¡Tu defensa es Cristo, porque él te dará la bienvenida a su Reino, él te llevará hasta el puerto de paz!

 

Sigue caminando alegrándote; tus problemas de hoy han pasado. ¡Mira, te has amarrado al puerto de la paz! ¡Ahora tú tendrás tu relleno de la Imagen gozosa de Cristo, o sea ve por tu camino victoriosamente a la Ciudad Luz! ¡Tú estás contento de que te has mezclado con los santos Ángeles, sobre ti se ha puesto el sello de tu pureza gloriosa! Tú eres feliz de que has visto a tus Hermanos Divinos con los que vivirás en la Luz para siempre. Tu has llegado a tu Localidad de Luz en la que no hay ni hambre ni sed; implora tu Padre por una gracia en nuestro nombre; ¡no nos dejes estar desolados!

 

– Capítulo 78 del Evangelio del Profeta Mani, Edición de Duncan Greenlees

 


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