Lecturas del Libro Sagrado para el Martes, 4 de Agosto, 2015

San Jemnoute

Oración antes de Abrir el Libro Sagrado de Luz

“Padre de la Grandeza, Il’Ya, Dios Santísimo de la Luz,

Que tu Gran Nombre sea alabado y honrado en toda la tierra.

Dios de la Luz, Il‘ Ya, Oh Gran Padre más allá del tiempo y de la creación,

Te doy gracias por este tiempo y por la oportunidad de aprender el Camino de la Luz.

Señor de los Cielos, abre mi corazón para recibir estas enseñanzas sagradas.

Señor de los Cielos, aclara mi mente para discernir estas palabras sagradas.

Señor de los Cielos, limpia mis manos para tocar estas joyas preciosas.

Señor de los Cielos, purifica mi voz para decir estas verdades sagradas.

Amin

Evangelio de Mar Mani Capítulo 43

1. El Oyente sabio es parecido a hojas de enebro porque trae a otros mucho beneficio, como un agricultor que libremente siembra semillas en muchos surcos.

2. Algunos Oyentes son como el enebro perenne, cuyas hojas no se caen ni en verano ni en invierno. Así también tanto en la persecución como en la libertad de religión, en días buenos y malos, bajo la mirada de los Elegidos o fuera de su vista, el Oyente piadoso es constante en la caridad y en la fe.

3. El Oyente que da testimonio de la Religión de la Luz es como una fruta madura colgando de un árbol grande, que brilla como una chispa corriendo sobre la leña, o él es como un punto de luz en el cielo dando su resplandor.

4. El Oyente que se calienta por el fuego de la piedad es como un hombre que llevó a su amigo a un pozo lleno de agua que da vida; uno estaba en la orilla del mar, y el otro en el barco.

5. Y el que estaba en la orilla remolcó a aquél que estaba en el barco, mientras que el que estaba en el barco, guió al que estaba en la orilla del mar para arriba hacia el pozo.

6. El Oyente que es así es como una perla que adorna la diadema sobre la cabeza del Rey, como una lámpara brillante brillando en la Asamblea, como un hombre que ofrece frutas y flores a la Elegidos*, y luego lo alaban como a un árbol que da buenos y abundantes frutos.

*[Elegidos Intercesores]

7. Pero el Oyente que descuida las Escrituras es como la rama de un árbol que no da fruto; su vida es inútil y vana; ¡y bienaventurados son los Oyentes que buscan el fruto que crece de los actos piadosos!

8. El Oyente que comparte conocimiento es como un hombre que lanzó el cuajo en la leche; se hizo duro, no líquido; la parte que cambió se hizo pesada al principio, al igual que un hombre visto por primera vez se siente honrado y puede brillar durante unos seis días.

9. El Oyente que da limosna a la Asamblea es como un hombre pobre que presenta una hija al Rey; obtiene gran honor.

10. Entonces el Rey se complace con ella y la mantiene en su harén y tiene varios hijos con ella, que crecen fuertes y guapos.

11. A su vez, los hijos que nacieron de la hija del hombre pobre se convierten en Reyes de la nación.

12. Las limosnas en los cuerpos de los Elegidos Intercesores se purifican del mismo modo que los harapos de un hombre, que han sido expuestos al fuego y al viento, se convierten en ropas bonitas que en un cuerpo limpio giran de aquí para allá en la brisa.

13. El Oyente, obedeciendo los Preceptos, es como un hombre que prepara una imagen del Rey fundido en oro, al cual el Rey dio regalos.

14. El Oyente que copia un libro es como un hombre enfermo que dio sus armas a un hombre sano.

15. El Oyente que presenta una hija a la Santa Fe es como el hombre que hizo una promesa, que lleva a su hijo a un maestro para aprender cómo servir a su padre – una promesa es la hija soltera de este Oyente.

16. ¡Cómo de numerosas son las virtudes del Oyente! La misma asamblea de los Oyentes se asemeja a esta buena tierra que toma a sí misma la buena semilla, ya que es la que acepta la Asamblea Santa; se preocupa por ella y le da descanso en todo sus trabajos y en todos sus sufrimientos.

17. Donde no hay Oyente, allí la Asamblea Santa no tiene descanso; los Oyentes son a su vez el lugar de descanso de la Asamblea Santa.

Oración después de haber Leído y Estudiado el Libro Sagrado

“Dios Santo, Padre de la Grandeza, Señor de los Cielos Supremo, por favor dame la fuerza para que el conocimiento que reciba a través del Libro Sagrado se extienda a todos los pueblos a lo largo de toda la tierra, en cada isla, dentro de cada nación y sobre todas las montañas. Que tu Nombre sea alabado y glorificado por todas las lenguas de todas las naciones. Amin.”