El Triunfo de una Muerte Santa

¿Quién puede ver, mis hermanos, y volver a la tierra y dar a conocer a todos los hombres la gloria que he recibido hoy? ¡Porque he encontrado la recompensa de mi trabajo! ¡Mira, yo he traído a mi Nave a la orilla; ninguna tormenta se ha levantado contra ella, ninguna ola la ha arrebatado! Me dirigía a naufragar antes de encontrar la Nave de la Verdad: una divina tachuela fue Jesús quien me ha dado una mano. ¿Quién será capaz de decir del don que vino? Una gracia me adelantó, pero no hay nadie que pueda decirlo.

 

He dejado la prenda en la tierra, la senilidad de las enfermedades que he tenido; he puesto sobre mí el Manto inmortal. He tomado mis ropas lavadas, mis mantos que no envejecen; yo me he alegrado en su alegría, he descansado en su descanso.

 

Oh Santos, alegraos conmigo, porque he vuelto de nuevo a mi principio, el Camino de la Luz se ha estirado para mí hasta mi primera Ciudad, me ha dado victorisosamente en las manos de los Ángeles, y ellos me han acompañado a mi Reino. Mira, la luz de la Doncella ha brillado sobre mí, la semejanza gloriosa de la Verdad, y sus tres Ángeles que dan la gracia. ¡Las puertas de los cielos se han abierto delante de mí a través de los rayos de mi Salvador y de su gloriosa Imagen de la Luz! Cristo mi esposo me ha acogido a su cámara nupcial, y he descansado con él en la Tierra de los Inmortales; ¡mis hermanos, he recibido mi guirnalda! ¡Oh excelente dolor que he sufrido! ¡Oh, mi fin que ha sido tan feliz! ¡Oh, mi posesión eterna!

 

– Capítulo 81 del Evangelio del Profeta Mani, Edición de Duncan Greenlees

 


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